El North American P-51 Mustang es, sin duda, uno de los aviones más valorados por la gran mayoría de los modelistas. Sus líneas atractivas y la enorme variedad de esquemas disponibles lo convierten en un “must” en casi cualquier vitrina, y es precisamente por ello que hoy el mercado nos ofrece un catálogo impresionante de marcas con distintos niveles de detalle. Desde opciones básicas hasta auténticas joyas premium, el Mustang está siempre presente en todas las escalas y catálogos. Sin embargo, si nos ponemos verdaderamente exigentes —llegando al nivel de contar remaches— existe un aspecto que incluso firmas tan prestigiosas como Eduard o Arma Hobby suelen omitir. Y no parece una casualidad, ya que corregirlo resta impacto visual inmediato a la maqueta.

El año pasado, cuando decidí montar mi primer Mustang a 1/48, me puse a investigar con mayor profundidad y fue ahí donde apareció esta sorpresa. Sin entrar en discusiones sobre quién lo implementó primero, North American, con el objetivo de extraer el máximo rendimiento de la célula y ganar unos pocos kilómetros por hora —potencialmente decisivos en un combate aéreo—, optó por mejorar el flujo laminar de las alas mediante la imprimación, sellado y pulido de todos sus paneles, exceptuando únicamente los de servicio. Antes de seguir veamos que es el flujo laminar, el concepto se refiere a un tipo de flujo de fluido donde las capas de este (aire) se deslizan unas sobre otras de manera ordenada y suave. En este tipo de flujo, las partículas siguen trayectorias paralelas a la dirección de avance, lo que resulta en una baja resistencia por fricción y por ende menos oposición al vuelo.

Las alas del P-51 Mustang están diseñadas para maximizar el flujo laminar sobre su superficie. Esto se logra mediante un perfil alar cuidadosamente esculpido que minimiza las perturbaciones en el desplazamiento de aire. El perfil elíptico de las alas ayuda a mantener un flujo laminar durante un rango más amplio de velocidades, contribuyendo a una mayor eficiencia aerodinámica. Dicho de otra manera, dimensiones (alto, ancho, espesor), forma y textura están optimizados para que las superficies no sólo generen sustentación sino que además generen la mínima oposición al avance. Este artículo se refiere a esta última parte.


Esto significa que, en rigor, un Mustang históricamente correcto no presenta paneles visibles en las superficies alares. Ni bajo relieve, ni mucho menos sobre relieve. Los únicos paneles que debían quedar definidos eran los correspondientes a accesos de mantenimiento, como los de las ametralladoras calibre .50 y algunas tapas técnicas puntuales. Todo lo demás se encontraba completamente sellado y pulido hasta lograr una superficie lo más limpia posible. Es bastante normal apreciar aviones de la época y modernos que no cuidan del todo respecto a la rugosidad por golpes, presiones, no coincidencia de paneles, remaches y apernamiento sobre relieves, aspectos que un P-51 no debía exhibir para lograr los parámetros de diseño, esto es, reducir la resistencia entre un 25% a 50%. El flujo laminar genera una menor resistencia aerodinámica en comparación con el flujo turbulento. En el P-51, esto es crucial, ya que permite a la aeronave alcanzar velocidades más altas y mejorar su rendimiento general. Al reducir la resistencia, se incrementa la sustentación, lo que permite que el avión vuele más eficientemente y con mejor maniobrabilidad.

Para el modelista, esto supone un trabajo adicional que no todos están dispuestos a asumir. Masilla, lija y paciencia, al más puro estilo “karate kit”. El procedimiento no es complejo, pero sí metódico: eliminar el paneleado existente, comprobar la simetría, recuperar remaches puntuales cuando corresponde y preparar una superficie perfecta para la pintura. El resultado, sin embargo, marca una diferencia clara en términos de fidelidad histórica.


Evidentemente, esta corrección reduce de forma notable las posibilidades clásicas de weathering. No hay líneas de panel que resaltar con lavados ni contrastes marcados que ayuden a “romper” la superficie. Esto deja una imagen general más sobria y, para algunos ojos, incluso algo sosa. No es raro escuchar que un Mustang correctamente representado puede parecer “plano” o poco interesante si no se trabaja adecuadamente la pintura.

Es notable la “limpieza” de líneas que tiene el avión, protuberancias inexistentes, al final lo que genera arrastre es la porción del borde de ataque de las alas, la toma de aire del morro y la toma de aire ventral, cercana al punto de fuga de las alas, el resto, liso, plano con tolerancias mínimas en los paneles, apernamiento y remachado bajo relieve y alineamiento de todos los paneles.

En este punto es importante aclarar otro aspecto que suele pasarse por alto, especialmente en los Mustang con esquemas en aluminio. Al tener las alas completamente imprimadas y selladas, estas eran pintadas con pintura aluminio, por lo que tampoco es tan correcto representar un acabado metálico natural brillante en dichas superficies. Salvo en los paneles de servicio, el aspecto real de las alas era el de una pintura aplicada sobre una superficie lisa, con un acabado en general más uniforme y apagado que el del metal desnudo del fuselaje, aun cuando no era una opción muy viable dejar el metal pulido expuesto, hubo casos que sí mostraron esa terminación, no la mayoría ni la generalidad, siempre se podrán encontrar Mustangs destellando en el cielo, cercanos a parecer espejos, después de todo cuando hay abundancia que más da cambiar un par de paneles o simplemente cambiar de avión.
Aquí es donde entra en juego la verdadera habilidad del modelista. Variaciones sutiles en los tonos, diferencias de acabado entre superficies pintadas y metal natural, ligeros cambios de brillo y un uso muy contenido del desgaste permiten dar vida a la maqueta sin traicionar la realidad histórica. Es un enfoque más fino, menos efectista, pero mucho más coherente con el avión real.


Esta práctica fue común en toda la familia Mustang que sirvió durante la Segunda Guerra Mundial, independientemente del teatro de operaciones, y se mantuvo durante buena parte del conflicto. Fue recién en la posguerra cuando se abandonó este procedimiento, principalmente por razones de mantenimiento y costos. Por ello, un F-51 empleado en Corea sí puede representarse perfectamente con todos sus paneles expuestos, remaches visibles y un enfoque de envejecido mucho más agresivo y agraciado visualmente.
Puede resultar una auténtica tontería, sobre todo si hablamos de alguna de las maquetas premium que existen hoy en día, cargadas de paneleado fino y remachado detallado que, paradójicamente, habría que eliminar en gran parte. Pero si eres de los que disfrutan dando ese paso extra en busca del rigor histórico, y entiendes el modelismo como algo más que un simple ejercicio estético, este es un detalle que no deberías pasar por alto. Al final, son este tipo de decisiones las que separan una buena maqueta de una realmente memorable.











